Natalia Porras. “¿Entonces a mí se me va a caer el pene y se me va a convertir en vagina, niña?”

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Natalia tenía siete años y medio cuando la maestra le mostró a la clase el diagrama de la división de los sexos. Esto es pene y lo tienen los hombres. Esta es vagina y la tienen las mujeres. Eso era todo. ¿Eso era todo? Natalia entendió que algo andaba mal con aquel diseño y se atrevió a salir de dudas. “¿Entonces a mí se me va a caer el pene y se me va a convertir en vagina, niña?”. En 1997, Natalia estaba en primer grado de la escuela. Y se llamaba Andrey.

Natalia Porras tiene 26 años y también es estilista
FOTO: Rónald Pérez ampliar
***Había dicho que sí una semana antes pero, justo hoy, 28 de agosto, pensó que no valía la pena dar una entrevista. Otra más. Pero aquí está. De lejos: jeans, ojos claros, cabello oscuro y largo, maquillaje liviano. Mujer. De cerca: talla 38 b, piel dorada, pestañas largas, sombras, rosado pastel sobre los labios. Mujer. Nos sentamos a la orilla de la ventana en uno de esos cafés josefinos que dejan ver el hervidero de la basura y de la gente desde un segundo piso. Ella pide café frío y empanada de pollo. Pregunta de qué va la entrevista. Confiesa lo que pensó antes de venir: pensó en no venir. “Otra nota, más fama, ¿para qué?, ¿para que lleguen más hombres a verme y entonces poder cobrarles un poco más caro?”.Natalia es trabajadora del sexo, dice la corrección política. Puta, dice ella. Lo que hace Natalia es lo que hacen la mayoría de sus congéneres, que podrían llegar a las 575 en San José según la organización Transvida, dirigida por ella misma, o a 300 en Heredia, Cartago y San José, según Manuel Abarca, del Centro de Investigación y Promoción para América Central de Derechos Humanos (Cipac). Pero Manuel dice que cualquier cifra es incierta porque no hay estudios formales. Lo que sí es cierto, dice, es esa relación que existe entre ser transexual y trabajar con el sexo. No por gusto propio, sino por designio social. Natalia, por ejemplo, empezó a los 18.  La llevó una amiga. Se ganó 100 mil en una noche y dijo “lo voy a agarrar de fines de semana”. Y se consumió en el embudo. “Así empiezan todas, amiga, o antes. Empiezan desde los trece, catorce años porque no encuentran ninguna otra alternativa de vida. No tienen una opción”. A los 18 y medio se fue a España, se rellenó las rodillas y casi se muere de una infección en la pierna. Volvió a Europa a los 20. La copa del brasier dejó de ser 32 B para convertirse en 38 B. Eso le gustaba a los clientes. Les gusta. Les gusta también que ella tenga pene y tenga busto. Y a su novio, hombre heterosexual, también le gusta.

" Yo podría estar ayudando a las niñas que son abusadas y violadas en sus propios hogares. O que tal vez no están viendo el mejor ejemplo en sus madres"
Pero ella no quiere ser trabajadora del sexo, ni prostituta, ni puta. De hecho, pocas semanas después de nuestra entrevista, la Fundación Teorética la escogió para crear y pintar las figuras que ahora decoran la fachada del edificio. También quiere ser preparadora de modelos y reinas de belleza. Quiere que todo el mundo sepa que ella está en una calle porque no le queda de otra. “Puedo estar parada en una esquina, pero el cerebro lo uso y tengo muchas ideas”. En el barrio de Pavas donde vive hay niñas que la admiran, dice. Niñas que le dicen que quieren ser como ella, porque ella sale en tele y es bonita. “Qué lindo sería como tener un salón comunal para enseñarlas a ser modelos, a ser animadoras. Yo podría estar ayudando a las niñas que son abusadas y violadas en sus propios hogares. O que tal vez no están viendo el mejor ejemplo en sus madres”. -¿Estás consciente de que esta sociedad no está preparada para tus aspiraciones?, le pregunto. -Sí, pero… ¡Mae!, yo soy igual que usted, yo quiero ser periodista, yo tengo sueños, tengo una ilusión, yo pienso en un mañana. Soy un ser humano. ¿Por qué no puedo tener lo que yo quiero?Los 26 años de Natalia podrían ser 40, dice ella. Le han costado tanto que, aunque tiene un par de años más que yo, dice que podría doblarme la edad en experiencia. “A mí me han amarrado y me han tirado en una línea del tren con una pistola encañonándome la cabeza. Me han reventado a huevos. Me han arrastrado, me han escupido, me han tirado palos. Hombres, mujeres, de todo. Simplemente porque soy trans”.

En 1997, Natalia estaba en primer grado de la escuela. Y se llamaba Andrey.
FOTO: Rónald Pérez ampliar

Las mujeres, opina, las mujeres como yo que tenemos un oficio y un título, no vivimos en el mundo real. “Ustedes no saben lo que los hombres se encargan de hacer con nosotras las trans. ¿Cómo puede ser que yo atienda al hombre más poderoso y prestigioso de este país y me ponga a hacer las cosas más bajas y yo siga siendo una trans asquerosa de la calle, mientras él sigue siendo alabado?”.***Natalia colecciona barbies porque ama el cuerpo de las mujeres. Le parece la mejor creación. “La cosa más perfecta del universo”. De pequeña,  pedía barbies para Navidad. A su mamá le robaba la plata y compraba muñecas. Sus papás, para calmarla y disimular, le regalaban ponies. Pero a la niña que vestían de hombre y que se llamaba Andrey, le gustaba regalarle flores a los chiquitos y pintarse las uñas con esmaltes ajenos.Cuando cumplió doce años, le dijo a su madre que él no era gay. Le dijo que él era ella. Mujer. Y que eso era algo que no iba a cambiar. Entonces doña Nubia lloró porque sabía que la cuesta iba a estar dura. Dos años después, decidió llamarse Natalia. Natalia significa nacer. O volver a nacer. -Y si pudieras ser lo que siempre has querido ser. ¿Qué escogerías?, le digo. -Yo ya escogí. Yo quiero ser Natalia. Simplemente Natalia.

PUBLICADO: 19 de Diciembre, 2013 AUTOR: