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Sin nido, pero felices...

Pero no fue culpa mía..., aunque igual me siento responsable. Mi jardinero de años, don Victor, un campesino puntarenense de esos a quienes es imposible calcular la edad, se voló con su machete la hoja de la palmera donde una pareja de comemaíz había instalado su nido de amor, donde se reprodujeron, encubaron sus huevitos y vivían sus pequeños polluelos, los cuales aprendieron a volar entre el jardín, la tapia y la terraza de mi casa.

Cuando ví, temprano por la mañana, la poda que hizo el enjuto hombre de piel tostada y de los pocos que hace jardines a mano, desyerbando, haciendo las orillas y macheteando como lo hacían nuestros mejores campesinos, no pude menos que reclamarle, gentilmente, su obra: dejar sin “techo” a los pajaritos.

 Justo acababa de leer la nota de La Nación de hoy, de la sección Aldea Global, titulada:Cuando los jardines se vuelven un nido para las aves de la ciudad y me enorgullecía de mi jardín, donde me visitan colibríes, pájaros bobo, yigüirros, hembras de sinsontes –que les gusta pelear con mi gata Lizzy-- y palomitas moradas, entre otros. 

Con mis propias manos y enfundada de pala, macana, machete y tijeras, he ido sembrando especies que atraigan aves y mariposas, he podado en cuarto menguante, abonado la tierra en verano, poco antes de las lluvias y hasta rellenado con tierra todo rincón que se ha ocupado allanar.

Todo, para darle posada a mis pajaritos, a las mariposas, para propiciar que reaparezcan los abejones –aunque se me enreden en el cabello, cuando cruzan la puerta abierta por las noches-- y hasta tener las pequeñas culebras que terminan guareciéndose detrás de la cocina... Y hoy, un sabio campesino, me contestó un poco enojado y perplejo, cuando lo increpé por destruir el nido: ¡Qué se hagan otro, no importa!”

Al mediodía, me encontré a los polluelos de comemaiz piando, desconcertados, porque el tupido jardín está un poco menos denso y la rama de la palma que resguardaba su nido, había sido cortada. Sin embargo, fueron recompensados con el zacate recién podado que suele dejar semillas e insectos expuestos, todo un manjar que les hizo olvidar que ahora están sin nido.

A todo esto, deberíamos aprender de los pájaros y otros animales que nos rodean en esta particular ciudad josefina y es el desapego por las cosas y la alegría de tener un pequeño espacio verde y coqueto para ser feliz.

 

Vuelta de hoja

Por Thais Aguilar

Para explicar cómo funciona y para qué sirve la perspectiva de género en la vida cotidiana... Es muuucho más que hablar de “los” y “las”, les aseguro que se sorprenderán al darle vuelta a la hoja y aprender a mirar con otros ojos...