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¡Me cae mal porque se cree la más bonita!

Cuando mi hija tenía poco más de dos años, me hablaba mucho de una amiguita suya de la guardería llamada Cinthya. Qué Cinthya, para arriba, que Cinthya para abajo, con voz chillona y vocales mal pronunciadas, dignas de su edad.

Un día dejó de hablar de Cinthya y pasaron semanas y la tan nombrada amiguita como que se la había tragado la tierra. Entonces le pregunté que había pasado con ella, y mi hija me respondió: ¡Es que me cae mal porque se cree la más bonita!”.

¡Chanflé”! Me dije, cómo cala la socialización de género por más que una madre no quiera. Era evidente que había envidia en sus sentimientos por alguna desconocida razón, pero que a las mujeres se nos alimenta la competencia entre nosotras por ser “la más bonita” --y no la más inteligente--, y por lograr la atención de “la mirada masculina”, es innegable. Son tantos los símbolos culturales que nos machacan con ese mandato...

Pero la envidia es uno de los sentimientos más humanos que hay... y no tiene sexo. Cada quien lo expresa según ha sido educada o educado, de acuerdo con la autoestima y seguridad emocional que gozó por parte de quienes cuidaron de esa persona y alimentaron positivamente su personalidad.

Y qué me dicen de la competencia que alimentan entre los varones por jugar mejor fútbol, ser el mejor estudiante o el que más novias tiene... Pero aquí quiero hablar de las mujeres.

A las compañeras de trabajo, les insisto, que el hecho de que una colega, amiga, conocida o mujer desconocida que obtenga un mejor trabajo, un premio, un mejor salario, lo que sea, pero que sea un hecho exitoso, es bueno para cualquiera de nosotras.

Tenemos que aprender a que el éxito de una mujer, en cualquier parte del mundo, del país, del lugar donde trabajamos y vivimos, debemos aplaudirlo como si fuera nuestro. Es una piedra menos en el camino de nuestro propio éxito y no debemos menospreciarlo ni criticarlo. Por el contrario, si nos cuesta más acceder a puestos clave de toma de decisión, a la administración del “dinero grande” –una empresa, un país o el Fondo Monetario Internacional, como Christine Lagarde--, y a mejores salarios, el que una congénere lo logre, es un punto que suma a nuestro sexo.

No se vale bajarle el piso y decirle que “se cree la más bonita”.

PUBLICADO: 27 de Diciembre, 2013 AUTOR:

Vuelta de hoja

Por Thais Aguilar

Para explicar cómo funciona y para qué sirve la perspectiva de género en la vida cotidiana... Es muuucho más que hablar de “los” y “las”, les aseguro que se sorprenderán al darle vuelta a la hoja y aprender a mirar con otros ojos...