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Se llama Marcha y se apellida Frustración

Un día lleno de presas, de trabajos a medio palo, de pacientes sin atender, de estudiantes sin clases. Un día en el que, dirán mañana, se perdieron miles de millones porque cerraron los muelles y las carreteras y las clínicas y los ferris y las escuelas. Pero un día para caer en la cuenta de que la ineficiencia del gobierno nos ha costado más cara que un día de huelga general.  

Marcha.
FOTO: Archivo LN ampliar
Tal vez usted perdió su vuelo. Tal vez usted tenía un dolor de panza muy fuerte y no lo atendieron. Tal vez usted llegó tarde a la reunión de hoy. Eso no se lo voy a discutir, porque usted tiene derecho a quejarse de lo que quiera, cuando quiera y cuanto quiera. Pero de eso no tiene la culpa ella, la Marcha. La Marcha –con mayúscula porque el malestar generalizado del pueblo tiene derecho a un nombre propio– es el grito sin ahogo de una selva de frustraciones que se llama Costa Rica y se apellida Platina, Aumento-para-diputados, Calero, Trocha, Narcoavión, Refinería, Carretera a Occidente, Jairo Mora.¿Para qué sirve una marcha, la Marcha?, le pregunto a mi amigo politólogo Gustavo Araya. Para homogenizar la protesta, para ya no decir que vine, sino que vivimos, para aliarnos, para buscar soluciones conjuntas, para que alguien tome la iniciativa. Para encender la alerta de quienes andamos dormidos por la vida: no señor ingeniero con trabajo, no señora que vive a los 500 metros del trabajo, no niño bien que va a Disney todos los años, la realidad es que, si usted vive así de bien, hay otros tres millones que no (y encima es posible que esos tres millones paguen su salario).

Para quienes carecemos de memoria histórica, es un tirón de orejas que viaja desde el pasado para recordarnos que el TLC, que el Combo del ICE, que ALCOA. Que esta no es una lucha nueva, que esta no es la fotografía de los últimos tres años y medio, sino la de 20 o más. Sirve, la Marcha, para entender que el referendo lo perdió el NO porque algunos sectores estuvieron de acuerdo en cerrar filas y apoyar el Tratado y entonces preguntarnos ¿hay alguien dispuesto en este país a decirle sí al gobierno si sigue así de sordo?

Y ojo, que también sirve para los chanchitos políticos que se comen todo lo que les caiga, les sirve a ellos para alimentarse de parafernalia y decir que sí, que ellos apoyan al pueblo. Muy cómodo para Otto Guevara decir que este es el reflejo del malestar de los costarricenses, muy fácil es para Jhonny Araya airearse con sus declaraciones de que no tomará en cuenta a ningún ministro de este Gobierno en el suyo propio. “Tonto sería si no lo hiciera”, dice mi amigo analista. Y yo digo: aquí nadie tiene un pelo de tonto. No. Don Carlos Ricardo Benavides no cree que esto es simple un berrinche sindical, ni doña Laura cree que con cuatro mensajitos en tuitersh (como lo pronunciaría ella) va a hacer felices a los ticos, ni don Carlos Roverssi ignora las razones de la huelga general.

Lo que hay no es estupidez humana, sino inercia deshumanizada. Un noigo-noigo desde Casa Presidencial, un  grito asambleísta de acera a acera para decirse que usted es comunista y que usted es un burgés, pero nunca para sentarse a dialogar.

Pero en la calle, hoy, lo que hay es gente dispuesta a luchar por su carretera, la de todos. Gente peleando para que a a usted lo atiendan a tiempo en la Caja, para que usted se pueda casar con quien quiera, para que usted, al final de cuentas, tenga libertad. Y la libertad se parece mucho a la felicidad.

PUBLICADO: 24 de Diciembre, 2013 AUTOR:

Perfiles

Por María Fernanda Cruz

La bruja, la que luchó por votar, la que cuida a su bebé en África, la que dirige un país, la que saca suspiros con canciones. La que nos sulfura, nos noquea, nos enamora. Un blog de todas para ver el mundo a través de ella, de sus ojos. Y de nosotras, las protagonistas de esta historia.