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Cacería de brujas

Viernes 13. En el estante de la izquierda encuentro un libro sobre la suerte y sus múltiples significados: gatos negros, espejos rotos, varas torcidas. Sally dice que la suerte no existe, pero que a ella los días 13 le traen muy buena fortuna. Nos reímos. Algunas cosas existen aunque una no crea en ellas.

Cacería de brujas.
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Por ejemplo, yo no creía en los dones de Sally. En su tarot, en sus piedras, en sus amuletos, en sus gatos, en su poder para comunicarse con los espíritus protectores y los fantasmas. Sus padres tampoco le habían creído nunca. Cuando ella era una chiquita, le contó a su mamá que el abuelo –el espíritu de su abuelo muerto– había aparecido para decirle el número de la lotería. - Me agarró a chancleta limpia y casi me mata. -¿Y no compró el número?- Claro que sí. Y nos ayudó un montón esa plata. Sally es una bruja. Es una bruja porque habla con espíritus, percibe lo que nadie más puede, tiene gatos, cura, hace limpias, detecta la energía negativa de la gente, sabe si sus clientes primerizos tienen operaciones recientes, si les duele algo, si están o no casados. Practica la religión Wicca. Cree en la naturaleza y en que Dios no es hombre, sino una fuerza que tiene energía masculina y femenina para crear todas las cosas. Tiene un don al que ella le dice arte. Arte sagrado por el que no cobra nada. Porque “sería mancharlo”. Y es una mujer que usted podría toparse en la calle, como a cualquier otra. Adopta perros, vive en medio de la montaña, tiene un esposo y tres hijos varones que no practican su religión, pero que la respetan. Le costó tiempo y plata tener este terreno y esta casa en Coronado, donde estamos hablando. Es enfermera y espera contratos temporales para mantenerse ella y darle comida a los 16 gatos. Si Sally hubiera nacido seis siglos antes y yo hubiese publicado estas palabras, probablemente la hubiesen quemado en la hoguera. Durante la Inquisición de la Iglesia Católica (entre los siglos XV y XIX), las mujeres que curaban y danzaban por la fertilidad de la tierra eran consideradas brujas que tenían pacto con el demonio. Y debían morir. Durante muchos siglos, las mujeres morimos quemadas en la hoguera. Morimos porque sabíamos sanar sin haber estudiado en una universidad. Morimos porque teníamos un lunar o una mancha y eso era suficiente para creer que el diablo nos había marcado. Nos lanzaban, amarradas, a ríos y pozos profundos: si salíamos vivas, éramos brujas y merecíamos la muerte pública; si no, éramos inocentes, pero sería demasiado tarde para salvarnos.  Por eso, a Sally no la ofende que le digan bruja. Por el contrario, le gusta. Le gusta porque siente que está evidenciando la historia. Sally es lo que está detrás de ese velo que nos han impuesto las religiones tradicionales y patriarcales. Es lo que nos da miedo solo porque no lo entendemos o no lo conocemos. Sally, la bruja, es también la historia. La historia de las mujeres.

PUBLICADO: 24 de Diciembre, 2013 AUTOR:

Perfiles

Por María Fernanda Cruz

La bruja, la que luchó por votar, la que cuida a su bebé en África, la que dirige un país, la que saca suspiros con canciones. La que nos sulfura, nos noquea, nos enamora. Un blog de todas para ver el mundo a través de ella, de sus ojos. Y de nosotras, las protagonistas de esta historia.