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Malala. La 'pobre niña' pakistaní que sacude al mundo

Ponga a Malala en la espalda perfecta de Madona, en los labios rellenos de Angelina Jolie, en la robusta presencia de Barack Obama, en el amable discurso de Hillary Clinton, en las plazas públicas de los candidatos al parlamento pakistaní. Ponga a Malala donde usted guste, que en todo lado sirve.   

Malala
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Malala acaba de cumplir 15 años y tiene al mundo vuelto al revés. Sobreviviente de un ataque talibán por su apoyo a la educación femenina en Pakistán, "triste protagonista" del primer Día Internacional de la Niña, víctima inocente de una parte represiva de la sociedad pakistaní; la niña y su imagen están en el tope de la celebridad mundial desde que estuvo a punto de morir, en octubre pasado.

Un talibán le dejó una bala en la cabeza y otra en el cuello hace cinco meses porque ella insistía en ir a la escuela. Aquello era un riesgo latente para su vida, al igual que para todas las mujeres de la comunidad de Swat Valley, en Pakistán, una comunidad dominada por los talibanes. En su blog, alojado en el sitio de la BBC de Londres, solía relatar las amenazas que recibía el director de su escuela para prohibir la educación de las niñas. Malala volvió a la escuela el martes de esta semana, en Birmingham, Inglaterra, semanas después de ser declarada la candidata más joven al premio Nóbel de la Paz. Símbolo mártir de una sociedad islámica que se retuerce entre leyes islamistas, no hay duda de que Malala demuestra que en aquel lado del charco hay mujeres dispuestas a defender sus derechos humanos, más allá de las malas interpretaciones de la religión. “No es lo mismo Islam que Islamismo. El primero es la religión, y el Corán alaba el acceso al conocimiento, el segundo es la politización de ese discurso religioso”, explica Sergio Moya, experto en estudios sobre Oriente Medio.Su figura inocente y cargada del peso de una lucha contra los estigmas, es bien aprovechada por cualquier ideología: detrás de una celebridad incipiente no hay casualidades. Hay conflictos geopolíticos, dice Monserrat Sagot, experta en estudios de género. Hay petróleo. Hay un discurso occidental: los de allá agreden, los de acá salvan. Y uno en el mundo islámico contemporáneo: ningún candidato querrá desaprovechar la oportunidad para rechazar la violencia, en un país donde las medias tintas son protagonistas y los partidos extremistas son minoritarios, explica Moya.

Malala
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Sagot es dueña de una frase que resume el panorama: “Yo no voy a decir nada bueno sobre los talibanes que la quisieron matar, pero tampoco puedo hacerlo de quienes pretenden convertirla en símbolo de la bondad occidental”. Esperar un gran cambio después del boom de Malala es algo que la historia decidirá pero que los expertos ven con reservas. Otras mujeres en el mundo, como Rosa Parks, han desatado revoluciones mundiales al negarse a preservar los valores misóginos o racistas de la época, pero queda claro con su ejemplo que el cambio se hace en conjunto. Cuando Rosa decidió negarle el asiento del bus a un hombre blanco, tenía el apoyo de una organización activista.

" “Yo no voy a decir nada bueno sobre los talibanes que la quisieron matar, pero tampoco puedo hacerlo de quienes pretenden convertirla en símbolo de la bondad occidental”. Montserrat Sagot. "
“Podría ser un buen estimulante, pero yo no creo que genere algo a corto plazo. Ejemplos como este facilitan las cosas para la toma de consciencia”, opina Moya.Puede ser que la historia de Malala abra las páginas de los periódicos durante otros cinco meses, pero se necesita más que una figura para gestar el cambio. Se necesita un movimiento organizado, dice Sagot, y no, simplemente, un “pobrecita Malala”.

PUBLICADO: 23 de Diciembre, 2013 AUTOR:

Perfiles

Por María Fernanda Cruz

La bruja, la que luchó por votar, la que cuida a su bebé en África, la que dirige un país, la que saca suspiros con canciones. La que nos sulfura, nos noquea, nos enamora. Un blog de todas para ver el mundo a través de ella, de sus ojos. Y de nosotras, las protagonistas de esta historia.