Maritza. Las brujas también creen en Dios, en la virgen y en los santos

  • Conversemos

  •  

Cierro la puerta por dentro. Doña Maritza se sienta sobre la colcha de librete rosado y me dice que me acomode en la silla de madera. Ella mirael jarro de lata en el que acabo de tomar tres tragos de café amargo y vacío. Y lanza el golpe.-¿Ya la operaron de eso que tiene en la teta? -¿Ah?-Sí. A usted le duele una teta. La derecha. Tiene algo ahí. ¿Ya fue al médico?-Me hicieron un ultrasonido. Tengo fibromas. -Vaya al médico. Vaya. Y hágase una limpia.

Símbolos de las brujas
FOTO: Rónald Pérez ampliar

Esta es Maritza: 79 años, arrugas hasta en la niña de los ojos, gafas cuadradas que le cubren la mitad del rostro pequeño. Grande su nariz, sus orejas. Grandes como sus manos que sostienen este jarro que contiene mi futuro a parchones sobre lata blanca.-Ese novio suyo…-Es que… no tengo.-Bueno, el que es blanco, gruesito.-No era exactamente…pero…-Ese hombre vuelve. No se preocupe, ese hombre vuelve.Doña Maritza, que en realidad tiene otro nombre, me cuenta detalles de mi vida o la de gente que me rodea que incluso yo desconozco. Me ha pedido, luego de la sesión, que no revele su nombre verdadero ni el lugar en el que vive porque ya tiene mucho trabajo y si no, la gente empieza a llamar.En el cuarto hay gente a blanco y negro. Pinturas de cuando los retratos no eran fotos. Una virgen de Guadalupe. Porque doña Maritza es católica, aunque no vaya a misa. “Cómprese una medallita de San Benito, contra las intrigas, y una de San Miguel Arcángel, contra las envidias”.A esta mezcla entre las artes de la magia y la religión católica, las antropólogas que han estudiado el tema le han llamado sincretismo. Una misma mujer puede detectar embrujos, leerle las cartas, predecir el futuro al tiempo que le recomienda que deje un vaso de agua por la noche frente a la estampa del Dr. Moreno Cañas y se lo tome por la mañana, o que le rece a San Alejo, a Santa Marta, a San Benito.Maritza aprendió a leer la mano a los 29 años cuando un compañero de su trabajo en una fábrica le contó que, para ganarse la vida en el sur del país, se había dedicado a echar los naipes sin siquiera saber qué significaba aquello.“Le dije: no seas tan charlatán. Vení y te leo la mano”. Entonces se la leyó y el compañero se asustó de todo lo que ella sabía. Y desde entonces.-¿Cómo fue que aprendió a leer el café?- Viera que antes leía con agua caliente. Pero se me metía un dolor aquí adentro entre las costillas y no me dejaba respirar. Viera que dolor más fuerte. Ay. Ay.-¿Entonces aprendió con agua caliente?-Tampoco leo la mano ya, porque estoy medio tuerta. Jaja.-¿Y el café, de dónde sacó esa idea de leer el café?-Mi mamá era vidente. Y mi hermano también tiene algo, él sabe algunas cosas. Pero es muy duro: es muy duro.Dice que se quedó bruta por no estudiar, pero de tonta no tiene un pelo. Prueba de ello es que responde solo lo que a ella le da la gana.Cobra ¢4.000, “que no es ni la décima parte de lo que cobraría un brujo de San José, de esos charlatanes…”. A veces acompaña a un muchacho a sacar entierros malignos (hechizos) de las casas de amigos o de gente que lo llama a él. Ella solo va a acompañarlo o por si necesitan detectar dónde es que está el maleficio. Porque eso de sacar entierros es peligroso y uno necesita mucha fuerza. “Y no tengo tanta fuerza. Dios guarde”.

PUBLICADO: 20 de Diciembre, 2013 AUTOR: